AMPLIAR LA MIRADA

Hay un momento en la vida en que la mirada cambia. Te emociona lo mismo el canto de una chicharra que un aria de María Callas, o incluso más. Te sientes cómodo casi en cualquier sitio, la culpa no te abruma y el peso de la vida se torna más liviano. Las expectativas menguan y el futuro se achica. Los sentidos se avivan igual en la playa de la Patacona que en una exótica orilla. El instinto manda sobre la razón y la pérdida es llevadera. No existe el rencor y la determinación marca el paso firme a ti mismo. Lo vivido por lo servido.

La culpa no se dirige hacia nadie, ni siquiera a ti, y la razón de peso pierde tonelaje.

Son pocos los amigos y menos las amantes. El disfrute es sutil, y el placer vivido y contemplado despacio, sin prisa, como el silencio que inunda todo tu ser en absoluta plenitud.

Creo que no volvería atrás, no volvería a ser joven. En este instante hay un poco de paz, empiezo a entender la vida justo cuando empiezas a vislumbrar que hay que dejarla. Ése es mi patrimonio. Y es justo ahora cuando lo siento, ni antes ni después.

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