Soy lo que soy y no voy a renunciar a ello.

Necesito crear y sacar aquello que llevo dentro, no puedo ir contra mí, me enfermaría. La energía creativa forma parte de todos nosotros, no sólo de los denominados o autodenominados creativos, y desarrollarla supone el verdadero acto de Ser.

No creo que en el concepto de profesión, en sentido excluyente, y menos para toda la vida, aunque el signo de los tiempos ya se esté encargando de constatar este hecho.

Soy bastante ecléctico, pluridisciplinar y relativamente iconoclasta, además de curioso por naturaleza y con una cierta querencia a saltarme puntualmente la tradición e ir contracorriente. Me cuesta describirme, aunque lo estoy intentando ahora, porque en mi actividad agrupo disciplinas aparentemente inconexas entre sí y convivo con ellas y entre ellas. Igual coordino un proyecto de branding, pongo en marcha un diseño, una campaña de comunicación, doy una clase de yoga, imparto un taller de Mindfulness, o realizo un proceso de Marca Personal, de Branding Vital. Y, aunque aparentemente esta conjunción, para algunos, pueda restarle credibilidad a cada una de las acciones, para mí significa un ejercicio de honestidad porque doy lo mejor de mí mismo haciendo lo que me gusta. Además está la poesía, el cine, la música, el arte, el deporte, la naturaleza, la salud, la cocina, mi familia, mi pareja, mis amigos… La Vida. Cómo no dedicarle el tiempo que se merece y darle espacio y contenido.
Cuando creas un proyecto de vida, personal y profesional, y está alineado con tu propósito no existen compartimentos estanco tipo trabajo vs ocio. No voy a limitar mi perspectiva del mundo atendiendo a un tema en exclusiva, al margen de que eso pueda reportar unos ingresos x, no me veo eligiendo una única cosa y dedicándole toda mi energía y mis recursos. Como comenta el inventor Nathan Myhrvold sobre la especialización: “Aprendes más y más de menos y menos hasta que lo sabes todo de nada.”

Las cosas conocidas con el tiempo son cada vez son menos estimulantes y hay que establecer un nuevo diálogo entre lo nuevo y lo viejo, entre la novedad y la tradición, trazar una línea fronteriza de la posibilidad. Realmente, cuando dejas de crecer, cuando dejas de apostar, es cuando realmente le estás faltando el respeto a la tradición.

Es verdad que siempre, o casi siempre, tendemos a seguir el camino establecido, la vía de menos resistencia, el menor riesgo. Cada día nuestro cerebro procesa alrededor de 70.000 nuevos pensamientos, de los cuales el 90% son idénticos a los del día anterior, por lo que hay que contemplar la experiencia con apertura, soltar las creencias limitantes y la falsa idea de seguridad. Existe la posibilidad de salir de la zona cómoda e ir más allá de lo que consideramos nuestros límites.

Cuando transitamos ese camino puede que nos sintamos frustrados o confundidos, con miedo al fracaso, pero como me suelo decir: Cuando más me pierdo más me encuentro. Aparece una sensación de vacío, de qué dirán los demás, de si seré aceptado, y ese temor nos paraliza. Por lo que hay que entregarse a esas situaciones para mirarlas, convivir con ellas y trascenderlas. Sólo así hay crecimiento.

Tashi Delek, la Felicidad sea Contigo